GALAS DE LAS SOCIEDADES
DEPORTIVAS
Más allá de la de corte folclórico o tradicional, la música
en directo ofertada en nuestras fiestas no siempre ha sonado como en las
últimas décadas; tal y como la hemos conocido quienes todavía no contamos 50
Sanfermines, tocada sobre múltiples escenarios desde el epicentro de la fiesta.
Por increíble que pueda parecer, a una con la eclosión de la canción ligera
(décadas de los 50 y los 60), hubo un
tiempo en que la música no fue patrimonio de las calles, asumiendo la organización
de las actuaciones nocturnas las sociedades deportivas; recayendo dicha
responsabilidad hasta su declive, a partir de mediados de los 70, en espacios
como el Club Natación Pamplona (iniciándose en estos menesteres en 1951), la C.D.
Amaya, el Club de Tenis, la A.D. San Juan, el Club Larraina o el C.D. Chantrea.
Así pues, en unos años como aquellos, en los que a pamploneses no les resultaba
fácil acceder a la música de los artistas (en los hogares apenas había aparatos
de radio: menos aún radio cassettes, tocadiscos o televisores) la única forma
de disfrutar de los mismos era acudiendo a las instalaciones de dichos clubes:
he ahí el porqué del éxito de sus programaciones, que llegaron a alcanzar gran
renombre.
Hasta bien entrado el siglo XX, en lo que a verbenas se
refiere, el Ayuntamiento organizaba solamente una, con una orquesta en el
quiosco de la plaza del Castillo. Con el paso del tiempo el Consistorio comenzó
a organizarlas también en la Taconera, radicando ahí el origen de la posterior
verbena de Antoniutti. Dichos bailes, con dos escenarios montados uno frente al
otro, tenían lugar en el andén central del parque, entre el monumento a Gayarre
y el emplazamiento del café vienés, y por allí pasaron orquestas como La Banda
de Zeus, habitual también de la plaza del Castillo. Posteriormente, cuando se
urbanizó Antoniutti (concebido como calle de paso en un principio), se sacaron
allí las verbenas.
A partir de los 60 comenzaron a triunfar en la noche
pamplonesa Los 40 Principales, programa
surgido del entorno de gentes de Navarra como Joaquín Luqui; y a sus éxitos recurrían las orquestas para animar las
veladas.
AUGE Y ÉPOCA
DORADA DE LAS GALAS SANFERMINERAS
Pero donde en realidad tocaron las orquestas de la Pamplona
de la época, tampoco muy abundantes, fue
en los clubes deportivos. Cada uno tenía la suya, siendo Amanecer, refundada
posteriormente como Nueva Etapa, la del Club Natación, y Los Clan, concebida
para ser la mejor orquesta del momento, la de la C D Amaya. Por el Club
Natación pasaron nombres tan relevantes como Julio Iglesias, Sara Montiel,
Massiel o Karina; por el Amaya, Los Bravos o Albano, y por Larraina, artistas del nivel de Christie o Juan Pardo; mención aparte para
el incidente en que se vieron envueltos Los Pop Tots, autores del célebre Mamy Blue, tras salir a escena en
taparrabos; alguien del público gritó que aquello molestaba “la visión de su
mujer”, que había que echarlos a la piscina. Y a por ellos que fueron…
Los diferentes clubes de la ciudad no se pusieron a organizar
verbenas y galas buscando complementar el programa sanferminero, sino para
tratar de conseguir fondos para su mantenimiento (en algunos casos) o, si
acaso, buscando paliar las carencias del hacer municipal. Dichas citas, previo
pago de entrada para los no socios, eran abiertas al público en general, y se
organizaban a diario. E iba muchísima gente, comenzando por los socios,
quienes, con acceso gratuito, acudían en masa con el fin de hacer piña. De defender
su sociedad. Entre ellas había una sana competencia por contratar al artista
más atractivo, en aras de llenar. Y lo conseguían. Además por entonces tampoco
se estilaban las actuaciones de artistas en las contadas salas de fiestas que
había. Y lo más importante, había verdaderas ganas de verlos, toda vez que tal
y como ya hemos apuntado, en la gran mayoría de las casas no era posible
escuchar música.
Sobre el hacer de otras sociedades, como las peñas, diremos
que también organizaban sus bailes. Con sus charangas. Algunas peñas, con
orquesta, llegaron a organizarlos en el Jito Alai, siendo la titular la
Orquesta Radio Club. Además, al igual que algunos bares de la ciudad
(principalmente aquellos que, como el Bearin o el Bahía, contaban con sótano o
planta baja) pronto comenzaron a contar con incipientes conjuntos de rock y
música yeyé.
DECLIVE Y OCASO: FUE BONITO MIENTRAS DURÓ….
El declive de tan afamada programación de eventos comenzó a
mediados de los 70, cuando desde el
Ayuntamiento, al amparo de la creciente popularidad de dichas galas, se comenzó
a programar similares espectáculos de manera gratuita; sin reparar, en otro
orden de cosas, en que obrando así comenzaba la destrucción de un negocio hasta
entonces boyante, el de la organización de la música de las fiestas, cosa que
en ciudades cercanas no ocurrió. Así pues, entre esto y la imparable
penetración de la radio y la televisión, se popularizó de tal forma la música
en la calle que las otrora exitosas galas de las piscinas privadas comenzaron a
hacer aguas de forma progresiva, cayendo en el olvido. Quedando,
paradójicamente, para el recuerdo.
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